CLAUSTROFOBIA
Llegamos al museo y empezamos a recorrer los pasillos sin saber en absoluto hacia donde nos dirigíamos. Las paredes pintadas de negro y de puerta en puerta entramos al fin en un cuarto oscuro, claustrofóbico. Unos pocos focos de luz en lo alto del techo iluminaban cuidadosamente nuestras cabezas. A ellos se les sumaban los focos que Juan estaba colocando estratégicamente en el centro de la sala. Cogía unas sillas mientras mis compañeros y yo preparábamos nuestras cámaras. Como es habitual, cuando tenemos la cámara en la mano, lo primero que hacemos es encenderla y empezar a sacar fotografías. Sin preocuparnos si era lo que había que hacer comenzamos a hacer ''click’’ en nuestros dispositivos de forma indeterminada. Las fotos seguían saliendo oscuras. Lo justo se percibía una sombra en la pequeña pantalla de la galería de imágenes de la cámara. Un rostro poco iluminado, y muchas sombras en él. Todos pensábamos que esa práctica iba a ser realmente extraña. Iba a ser oscura y claustrofóbica.
Los focos encendidos. Juan empieza a dar la clase pero nadie puede dejar de hacer ‘’click’’, todos queremos sacar una fotografía clara, que no saliera oscura. Modificando el diafragma, la velocidad y el ISO, no paramos quietos. En el centro de la sala estaba esas sillas que Juan había colocado. Ramón salió como voluntario ante la incertidumbre. Iba a ser el modelo, el protagonista de nuestras capturas. Sentado en una de las sillas y los focos frente a él. Todos les sacamos fotos. Mi cámara antigua me impedía coger el dispositivo que permitía a mis compañeros sacar unas buenas imágenes. Suerte tuvieron. Mis fotografías apenas tenían calidad. Modificando el diafragma, encendiendo el flash… Y ni con esas pude hacer fotos que merecieran la pena. Pero lo intenté.
Los modelos iban pasando y ni mi posición, ni mi cámara encajaban en lo que podría resultar una buena foto. Es bastante triste ver mis fotos y compararlas con las de mis compañeros. Las suyas son más claras, la luz más bonita y yo miro las mías con cierto patetismo. ¡Qué importante es tener la cámara adecuada! Mi claustrofobia no cesaba. Solo quería acabar, dejar de sacar fotografías que sabía que no eran buenas. Me sentía atrapada en esa habitación oscura. Me sentía atrapada en la vergüenza de la ausencia de calidad. Me daba claustrofobia la propia claustrofobia de la cámara.
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